UN ACCIDENTE NO SIEMPRE ES UN ACCIDENTE... Conducir alcoholizado...NO ES UN ACCIDENTE...Violar la prioridad de paso peatonal...NO ES UN ACCIDENTE...Superar la velocidad permitida... NO ES UN ACCIDENTE...Violar la luz roja.... NO ES UN ACCIDENTE...Burlar las leyes de tránsito...NO ES UN ACCIDENTE...Un accidente CASI NUNCA es un accidente...



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domingo, 16 de diciembre de 2012

EN MÉXICO SE ENCIENDE LA LUZ ROJA PARA LOS CONDUCTORES QUE MANEJAN EN ESTADO DE EBRIEDAD




Es viernes por la noche en el centro de la Ciudad de México. Las calles están atestadas de automóviles. La gente se relaja tras finalizar la semana laboral. Pero para la policía, en cambio, es un momento de gran actividad. Dos agentes indican al conductor de una camioneta interceptada a gran velocidad que se ponga al costado del camino. El hombre casi se sube a la vereda y se tambalea al descender del vehículo, con claros signos de ebriedad en la cara. Los detectores de alcoholemia de la Brigada de Seguridad Vial, en el DF, funcionan casi sin interrupción.

Aunque la Brigada de control de alcoholemia funciona desde hace ya nueve años, el público no parece conducir más responsablemente. Aunque raramente aparece en los titulares de los diarios, más mexicanos han muerto en las rutas del país que en las violentas guerras del narcotráfico. Desde 2006 han muerto anualmente en promedio unas 16.700 personas en hechos viales. Estas estadísticas colocan a México entre los 10 países más peligrosos del mundo en circulación vehicular: ocupa el segundo lugar en muertes viales en América Latina, detrás de...la Argentina. Por supuesto, esta comparación vale en cifras relativas no en valores absolutos. (La Argentina tuvo aproximadamente 5.200 victimas viales en 2011, de acuerdo al centro estadístico del Observatorio Vial de la ANSV).

¿Cómo puede ser, entonces,  que en un país con una red de caminos relativamente desarrollada y una plétora de legislación sobre seguridad vial tanta gente maneje borracha? El coordinador nacional de seguridad vial de la OMS en México lo adjudica a que no hay un señalamiento social del conductor ebrio, quien no se avergüenza al ser interceptado conduciendo bajo los efectos del alcohol.

Según la policía caminera, otro problema es que muy excepcionalmente esos conductores reciben algún tipo de sanción efectiva, lo que les incita a seguir conduciendo borrachos con total impunidad. México cuenta con los recursos necesarios. Por ejemplo, el DF tiene la mayor cantidad de puentes peatonales del mundo. Pero la gente no los utiliza, lo que hace que un 50 por ciento de las muertes viales sean de peatones.

Tampoco carece México de legislación sobre seguridad vial. Hay una gran cantidad de leyes a nivel nacional que prohíben, por ejemplo, la utilización de teléfonos celulares al conducir y requiere la utilización de cinturones de seguridad. Pero la gente, lisa y llanamente, ignora las reglas, raramente aplicadas por otra parte por la policía o la gendarmería vial.

A esto se añade la migración de las zonas rurales, gente que no está acostumbrada a conducir en zonas densamente pobladas. Según las estadísticas, no hay un nexo entre el nivel de alfabetización y la pericia en la conducción. De hecho, la gente con mayor nivel de educación tiende a conducir más agresivamente.

Pero no todo son malas noticias. En los últimos dos años México ha registrado una mejora en la seguridad vial, debido a la importancia que empiezan a conferir los poderes públicos a este flagelo. El número de muertes se ha estabilizado, en parte porque las autoridades federales y estatales mancomunan esfuerzos para encarar el problema.

La utilización creciente en el DF de los alcoholímetros contribuye a acrecentar los controles. Poco a poco, el programa afianza la idea de que conducir en estado de ebriedad es un crimen y que los culpables serán duramente sancionados. Según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública del DF desde el lanzamiento del programa, en 2003, la presencia de alcoholímetros disminuyó los hechos viales en un 30%  Se observa que la mayoría de la gente no conduce ya por encima del límite de velocidad prescrito.

Pero la conducción temeraria sigue cobrando miles de vidas anualmente, con lo que la batalla dista mucho de haber sido ganada. 


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