UN ACCIDENTE NO SIEMPRE ES UN ACCIDENTE... Conducir alcoholizado...NO ES UN ACCIDENTE...Violar la prioridad de paso peatonal...NO ES UN ACCIDENTE...Superar la velocidad permitida... NO ES UN ACCIDENTE...Violar la luz roja.... NO ES UN ACCIDENTE...Burlar las leyes de tránsito...NO ES UN ACCIDENTE...Un accidente CASI NUNCA es un accidente...



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Nuestra Asociación tiene como objetivo realizar acciones con prácticas sustentables que reduzcan la inseguridad vial y las violencias conexas a ella. Queremos motivar la toma de conciencia ciudadana e impulsar una agenda de prioridades en los órganos de decisión pública.
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miércoles, 15 de julio de 2020

Cuando todos somos víctimas,


CUANDO TODOS SOMOS VÍCTIMAS

Dr. Hugo Rubén Martínez

El pasado lunes, un automóvil cruzó la Av. Paseo Colón a una velocidad cercana a los 100 km/h; pasó un semáforo en rojo y en estado de ebriedad, con la licencia de conducir vencida, además de una abultada deuda con el GCBA en multas de tránsito.  
Lo cierto es que esta persona, en la noche del lunes 13 de julio chocó contra un colectivo de la línea 64 y que lo hizo girar por el impacto, sin que éste milagrosamente no volcara. Pudo ser un siniestro vial de grandes proporciones.  
Sin caer en la queja acerca de la conducta temeraria no está contemplada en la legislación penal –sí en la jurisprudencia y en la doctrina-,  es éste un ejemplo reiterado del desprecio por las normas elementales de tránsito, de irresponsabilidad ciudadana y un obtuso desprecio por la vida: la propia y la ajena.

Sin embargo, ante esta situación y otras similares, tal actitud  debe leerse a la luz de la Ley de Tránsito 24.449, pero de una manera mucho más amplia, ya que es necesario detenerse la figura de ineptitud y no sólo física, sino también psicológica.

En tal sentido, el artículo 14 inc. a) ap. 4 incluye entre los requisitos la aptitud psicofísica y lo reitera en el ap. 7. La misma normativa, en su artículo 19 contempla la suspensión de la licencia de conducir por ineptitud.

Es en el artículo 39 inc. b) en el que se menciona el “deber de conservar el dominio del automotor, es decir tener la cosa sometida a la voluntad del  que conduce y de tener la lucidez de esquivar, doblar y disminuir la velocidad. Nada de esto ocurrió en el caso analizado.

Por lo tanto, no debería otorgarse una licencia de conducir, sin poner en duda su capacidad para hacerlo en un futuro. Y de aquí en adelante, hacer hincapié en las exigencias psicológicas de los conductores de automóviles, antes de otorgarla. 


miércoles, 2 de octubre de 2019

La conducción temeraria del conductor que mató a Cinthia Choque, hirió a Santiago Siciliano y huyó. El caso Veppo.




Velocidad, fuga y desprecio

Por Hugo Martínez (*)

El siniestro vial sucedido en Av. Figueroa Alcorta y Tagle, el pasado 8 de septiembre en las primeras horas de la madrugada, ocasionado por el periodista y productor Eugenio Veppo cuando habría intentado eludir un control de alcoholemia y que le costó la vida a la agente de tránsito de la CABA, Cinthia Choque y lesiones gravísimas a su compañero Santiago Siciliano, nos interpela como sociedad. Hasta ahora, Veppo permanece detenido en el Penal de Ezeiza, acusado de homicidio con dolo eventual.

Lo que en un principio fue catalogado como un homicidio culposo y lesiones graves culposas, cobró un giro sustancial, cuando se supo el resultado de las pericias y se conoció en detalle la actitud de Veppo: conducía a 130 de kilómetros por hora -el doble de la permitida en esa avenida- y en zigzag, eludiendo automóviles a su paso hasta que se encuentra con el control de alcoholemia que estaba instalado sobre Figueroa Alcorta, perfectamente señalizado y en una arteria iluminada. Allí atropella a Cinthia Choque a quien le causa la muerte en el acto y hiere gravemente a Santiago Siciliano.

 Las cámaras de seguridad a lo largo de la avenida Figueroa Alcorta, muestran a este sujeto no sólo conduciendo a alta velocidad y en forma temeraria, eludiendo autos tanto por izquierda como por derecha, sino que abandona su auto Volskswagen Passat azul a pocas cuadras de allí y toma un taxi junto a sus dos acompañantes que iban con él al momento del siniestro y se dirige a su casa en el barrio de Belgrano. Se presenta a la Comisaría catorce horas después y queda detenido allí, luego de contar su versión de los hechos.

Es decir: mató a una persona y lesionó gravemente a otra; se dio a la fuga del lugar sin prestar ayuda;  conducía a 130 kilómetros por hora y eludiendo autos en forma temeraria y con desprecio por las normas de tránsito y por la vida; abandonó su auto con el parabrisas roto y con abolladuras en la carrocería que concuerdan con el cuerpo de Cinthia Choque; y se entrega 14 horas después, cuando las pruebas sobre un supuesto consumo de alcohol o drogas, son prácticamente inexistentes o por lo menos muy difícil de detectar, por lo que cabría deducir sobre un ocultamiento de prueba.

La defensa de Veppo, en ese momento alegó que el periodista “se asustó” y que se encontraba en estado de shock. Sin embargo, es posible otra lectura: No detuvo su marcha, abandonó su auto y tomo un taxi y se presenta 14 horas después, todos estos actos fueron premeditados y hasta cabe presentarlos como planeados, por lo que echan por tierra todo su “estado de shock” y lo muestran como una persona que vive en estado de anomia y con un desprecio por la vida evidente.

A todo esto, se suman antecedentes anteriores que hablan de un encierro a un motociclista y también el haber atropellado a un miembro de la Prefectura Naval y por lo que lo condenaron, pero tuvo que cumplir con una Suspensión de Juicio a Prueba.

Frente a este panorama, era muy probable que la Jueza Yamile Bernan cambiara la calificación del hecho. Le imputó el delito de homicidio con dolo eventual, ya que conducía zigzagueando temerariamente, actuó con absoluto desprecio y debió representarse que generaba un peligro y habría cometido el hecho, presuntamente luego de haber ingerido alcohol y/o drogas. Así surge del escrito que redactó la magistrada luego de una declaración indagatoria que culminó abruptamente cuando Eugenio Veppo habría calificado de “bulto” o “algo” a los cuerpos de Choque y de Siciliano.

En su resolución la magistrada afirma que Veppo conducía incumpliendo con la reglamentación vigente al transitar a una velocidad elevada que excedía la máxima permitida en ese tramo de la avenida que es de 70 Km por hora. Y que, pese a la existencia de un control de tránsito debidamente señalizado con dos conos y dos carteles luminosos, no detuvo su marcha ni redujo la velocidad del vehículo prosiguiendo su trayecto, por lo cual impactó a Choque y a Siciliano. Para la jueza, Veppo debió “haber previsto seriamente y representado que con dicho accionar generaba un peligro tal que podía causar la muerte o lesiones a terceros, no obstante, y con absoluto desprecio por ello continuó conduciendo, a sabiendas qué de ninguna manera, dadas esas circunstancias de manejo, podía evitar el desenlace fatídico”. Y también dejó constancia en el expediente que “se dio a la fuga sin intentar socorrer a las víctimas”.

El ahora imputado por homicidio con dolo eventual, se quedó sin abogado defensor, ya que el Dr. Ferrari renunció por serias diferencias con su ahora ex patrocinado. No se sabe que intentará la nueva defensa con relación a la probable excarcelación de Veppo, para que espere el juicio en libertad. De suceder esto, sería un paso atrás para las víctimas. Por otra parte, no se conoce el testimonio de las dos personas que iban como acompañantes -un varón el asiento del acompañante y una mujer en el asiendo de atrás- y tampoco si ya prestaron declaración testimonial y si les cabe algún grado de responsabilidad en el hecho. No olvidemos que, si bien no son autores, participaron de la alta velocidad, de la fuga y del abandono del auto causante del siniestro y se subieron al taxi junto a Veppo. Estas dos personas que estuvieron en el hecho iban a ser propuestos por la anterior defensa del imputado, pero no trascendió a la prensa, cual es la estrategia procesal actual.

Cuando se asume la defensa de un imputado, se lo hace desde dos campos: la inocencia o la culpabilidad. El primero de ellos requiere de la búsqueda de argumentos que la propia ley, la jurisprudencia y la doctrina ofrecen a la hora de alcanzar la absolución en un juicio oral o el sobreseimiento en la etapa de instrucción. En tanto que, desde la culpabilidad, se debe cuidar el cumplimiento de la garantía del debido proceso y hasta urgar en las reglas de exclusión probatoria, si existiera la posibilidad.

En este caso en particular, es indudable el homicidio con dolo eventual, en esta etapa de instrucción de la causa y esperamos que se mantenga durante el juicio oral y en las etapas posteriores de revisión que seguramente tendrán lugar.



(*) Abogado, especializado en víctimas de siniestros viales (UNLZ y UP); Periodista (UNLZ)





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jueves, 22 de agosto de 2019

Movilidad ACTIVVAS



Movilidad ACTIVVAS

La Asociación Civil Trabajar Contra la Inseguridad Vial y la Violencia con Acciones Sustentables (#ACTIVVAS), tiene por objeto realizar acciones con prácticas sustentables que reduzcan la inseguridad vial y las violencias conexas a ella. Partiendo de esta base, nuestro enfoque sobre la movilidad, la entiende como conector de acceso a nuestros derechos: trabajo, calidad de vida, ambiente sano, salud, educación y por supuesto el acceso a trasladarnos de forma segura en las vías, entre otros lugares. Divulgar prácticas y marcos teóricos que den a conocer nociones innovadoras o todavía poco conocidas y que tengan el potencial de mejorar nuestro ambiente urbano, para multiplicar sus efectos positivos.

Sabemos de la dificultad de asociar temas que parecen no tener puntos de conexión, ¿qué puede tener en común el calentamiento global, la movilidad sostenible o las medidas de demanda de transporte con la violencia vial? Es en los impactos generados y en sus medidas de prevención y mitigación donde encontramos el hilo conductor que nos permite afirmar que trabajar por la seguridad vial, es trabajar por la movilidad sostenible, por la recuperación del espacio público, por la igualdad de género, por la inclusión de usuarios vulnerables, por un ambiente sano, y también para prevenir el cambio climático.
Estas cuestiones están impulsando un debate global sobre Movilidad y Gestión Ambiental de Tránsito (GAT) para repensar una práctica que se está transformando. Antes el foco iluminaba la eficiencia de los viajes en vehículos particulares motorizados, ahora, en cambio, hay una visión holística que prioriza el traslado seguro de las personas, y deja atrás la noción del usuario como responsable exclusivo. Hay un nuevo espacio para otras miradas.

Las personas deben trasladarse con eficiencia en relación al tiempo, combustible, uso del espacio público, equidad social y seguridad. Por eso reducir los conflictos viales a la ampliación de las vías lleva a una paradoja ya conocida, la “Paradoja de Mogridge” que sostiene que los flujos vehiculares tienen la capacidad de saturar cualquiera ampliación:

            “El aumento de la capacidad de las vías provoca una reducción inicial de los tiempos de viajes de los automovilistas, trayendo de ese modo, más usuarios a dichas vías rápidas. Por otro lado, como algunos usuarios provienen del transporte público, la disminución de la demanda en este modo induce desinversión y baja la frecuencia del servicio, lo cual, a su vez, aumenta los tiempos de viaje en este medio provocando nuevas fugas de usuarios desde el transporte público al automóvil, aumentando ahora el tiempo de viaje de los automovilistas. A corto plazo el proceso desencadenado, sumado al crecimiento vegetativo del parque automotor, seguirá hasta un punto en el cual las ventajas diferenciales desaparezcan, lo que necesariamente ocurrirá para tiempos de viajes mayores que los de la situación inicial, tanto para los automovilistas como para los usuarios del transporte público.” (Lordi et al., 2010, p. 9-10)

Por lo antedicho la congestión no es el problema a resolver, es una consecuencia de pensar solo en optimizar  las demandas del tráfico motorizado particular sin tener en cuenta a los peatones a los usuarios del transporte público y a los de otras modalidades de movilidad. El tráfico y la saturación de vehículos trae aparejado una degradación en la calidad de vida de los ciudadanos, conlleva un aumento en los tiempos de viajes, un aumento en el riesgo de incidentes viales y en la gravedad de los mismos, aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global, la contaminación auditiva y visual, produce inequidad en el espacio público y en la accesibilidad real de las personas en sus traslados.

En conclusión, hoy necesitamos respuestas transdisciplinarias porque trabajar por un espacio con menor violencia vial es promover entornos saludables y ambientalmente aptos. El ambiente nos define, tanto como nosotros a él.



lunes, 25 de marzo de 2019

LOS DATOS SALVAN VIDAS, EL VALOR DE LAS ESTADÍSTICAS VIALES



LOS DATOS SALVAN VIDAS, COMPARTIMOS EL EXCELENTE INFORME DE LA PERIODISTA STELLA BIN PARA ENTENDER QUÉ SIGNIFICA PERDER TANTAS VIDAS JÓVENES EN LAS RUTAS Y CALLES DE NUESTRO PAÍS.

Como la de Emanuel Lugones, que tenía 17 años, y circulaba en moto cuando murió embestido por un interno de la línea 55 lo en Directorio y Murguiondo de la Ciudad de Buenos Aires. Emanuel tenía luz verde para cruzar.
La foto es Silvana Sbezzi una luchadora incansable en pos de la Justicia para su hijo. El conductor fue absuelto por una jueza, Fatima Ruiz López, a la que le sobraban las pruebas para condenarlo.
Sucedió el 17 de junio de 2015, Emanuel murió al día siguiente en el Piñero. Su mamá fue avisada por un testigo del hecho para llevarlo al hospital, logró sacar esta terrible foto que muestra la velocidad del colectivo que levantó a Emanuel del piso y lo estrelló con el parabrisas.




 
La vida de Oscar Delgado terminó abruptamente cuando estaba llegando al cumpleaños de Patricia Aguirre su cuñada. En la esquina de Trelles y Cesar Diaz lo embistió un colectivo de la linea 44 que iba a altísisma velocidad. Esto sucedió el 25 de noviembre de 2017. Murió Oscar en el acto y tres pasajeros más en los días subsiguientes en el hospital. Su sobrino Jorge de 12 años iba en el auto con su tío y se salvó de milagro si vemos las condiciones en las que el conductor del colectivo dejó el vehículo.
Patricia sacó esta foto devastadora.

                                                   



sábado, 4 de agosto de 2018

INEQUIDAD SOCIAL Y POBREZA MULTIPLICA VÍCTIMAS ENTRE CICLISTAS Y PEATONES.

Una calle muy transitada en un barrio popular de Los Ángeles. Un joven en bicicleta. Un conductor imprudente en un automóvil de lujo.
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Los segundos que precedieron al momento en que Frederick Frazier, 22 años, fue atropellado por un automóvil mientras circulaba en bicicleta por el sur de la ciudad a principios de este año, captados por una cámara de seguridad, resultan a la vez trágicos y conocidos. En el vídeo se ve un lujoso Porsche blanco entrar en el carril de desagüe justo antes de golpear a Frazier, aparentemente sin notar su presencia.

El auto nunca se detuvo. Frazier, conocido como "Woon", dejó a una madre destruida y una novia embarazada.

Desde hace tiempo los ciclistas corren peligro cada vez que circulan por las peligrosas calles de Los Ángeles, donde una red aleatoria y mal diseñada de carriles para bicicletas los obliga con frecuencia a tener que compartir la calle con automóviles que circulan a gran velocidad. Se observa además en la actualidad una particular agresividad de los conductores hacia los ciclistas en la capital automotriz de los Estados Unidos, donde el aumento demográfico (unas 50.000 personas por año) vuelve la congestión de tránsito cada vez más insoportable, con la consiguiente ira de los automovilistas.

En las zonas más pobres de la ciudad, donde la gente debe desplazarse a pie o dispone de bicicletas como único medio de transporte, los residentes se quejan de que los conductores no tienen en absoluto en cuenta el bienestar de la población local y tratan las calles del vecindario como si fueran autopistas. Los datos municipales muestran que los peatones y ciclistas corren riesgos particularmente graves en el sur de Los Ángeles, donde Frazier fue asesinado, ya que esas zonas están rezagadas con respecto al resto de la ciudad en infraestructura de seguridad.

"Cuando ven gente en bicicleta piensan que se trata de un vagabundo o de alguien que va en bicicleta porque no puede pagarse un automóvil", dice Edin Barrientos, que vive en la zona y ha fundado un grupo de protección de los ciclistas. "A eso atribuyo la considerable hostilidad. Los conductores y el público en general no valoran la vida de un ciclista, sobre todo aquí".
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Los funcionarios municipales consignan una modesta disminución de las muertes por hechos de tránsito en general en los últimos años. Pero en el sur de Los Ángeles las muertes de peatones y ciclistas han aumentado drásticamente. Las colisiones con bicicletas aumentaron en un 25% en 2017 según los datos de la Oficina Sur del Departamento de Policía de Los Ángeles, un aumento aún más pronunciado en algunas zonas. Si se comparan cifras entre 2017 y en lo que va de 2018, las colisiones en las que hay bicicletas involucradas aumentaron en un 70%
Ha surgido en Los Angeles una subcultura de grupos de ciclistas. Como Chief Lunes, al que pertenecía Frazier, se organizan libremente en torno a "paseos nocturnos", reuniones semanales o quincenales en las que los ciclistas viajan en grandes grupos, lo que les da una impresión de mayor seguridad.
Tras la muerte de Frazier, otros ciclistas intentan movilizarse políticamente bajo el nombre de "Woon Justice for South LA". Centenares de ciclistas de esta inmensa ciudad se han unido a las protestas y vigilias y muchos militan para modificar la política municipal en torno a la protección de los ciclistas.
"Semana tras semana, nos enteramos de que más personas han sido atropelladas o asesinadas ", dice un militante. "La ciudad no hace nada, la ley no hace nada y el público no hace nada. Entonces, ¿quién va a intervenir para que esta situación cambie? "
Spencer Sims, miembro de Chief Lunes, dice que "Woon Justice for South LA" fue creada con el objetivo específico de instalar un carril para bicis en la avenida Manchester, donde murió Frazier. El grupo tiene otras metas: incluir en las pruebas para la obtención del permiso de conducir preguntas sobre seguridad de los ciclistas y, a más largo plazo, establecer una red de defensa jurídica que reúna a ciclistas y peatones heridos por conductores imprudentes.
"No queremos más muertos. Constantemente mueren en hechos de tránsito ciclistas que no pertenecen a ningún grupo determinado y que, por ende, pasan desapercibidos. Queremos ser su voz", concluye Sims.

Virginia Fineberg para ACTIVVAS

viernes, 30 de marzo de 2018

ACUSAR CON LA FIGURA DE CONDUCTA TEMERARIA A LOS VIOLENTOS VIALES

Por qué necesitamos un nuevo paradigma penal para sancionar a los violentos viales. (enlace a nota de Télam)


El año pasado propusimos la figura de conducción temeraria. Aquí la nota en Resumen de Noticias del Ministerio Público Fiscal
En el blog tenemos este posteo sobre qué es conducción temeraria
El 27 de marzo pasado planteamos cuál es el contexto penal comparado que explica la necesidad de esa figura en la Argentina. Porque efectivamente las penas que se aplican en Italia, Canadá o Chile, por citar solo los ejemplos de la nota de opinión que publicamos en Télam, son muy superiores a las que tiene el código penal argentina. Conversamos con Carolina Figueroa, presidenta de la Fundación Emilia. y advertimos las diferencias en la administración de justicia para delitos viales entre Chile y la Argentina. Mucho que conocer, compartir y superar.

En un país. como es el nuestro, que padece de Injusticia, y de figuras tramposas como la Probation, proponemos ACUSAR CON LA FIGURA DE CONDUCTA TEMERARIA. 



jueves, 29 de marzo de 2018

CONDUCCIÓN TEMERARIA EN EL RÍO.

Presentamos esta excelente nota de Jorge Ossona que publicó Infobae y que su autor cedió para el blog de ACTIVVAS.
Estamos agradecidos y a la vez estremecidos porque la violencia vial golpea también en los ríos del Delta. Y como dice Ossona forma parte de un profundo problema cultural.

NO OLVIDAMOS A TAMARA SUETTA, VÍCTIMA DE UN CONDUCTOR TEMERARIO QUE PILOTEABA A GRAN VELOCIDAD Y CHOCÓ SU LANCHA Y LA MATÓ. TAMARA TENÍA 25 AÑOS.



Aquí va :


El descontrol en los ríos del Delta: un problema cultural profundo
Jorge Ossona
Historiador. CPA
Suele decirse que Buenos Aires vive a espaldas del majestuoso Rio de la Plata. Tanto, como respecto de su Delta del Paraná; una de las maravillas naturales a escala planetaria y un pulmón eclógico invalorable para la ciudad y su conurbano norte.
La historia de nuestro Delta bonaerense constituye una aventura rica en viscitudes escasamente historiada. Reducto de descanso y distracción deportiva de las clases altas, se abrió a las clases medias populares a partir de los años 40 merced a la diseminación de recreos, hosterías y líneas de lanchas colectivas. Simultáneamente, las grandes quintas primigenias fueron loteadas en terrenos en donde esforzados inmigrantes europeos nostálgicos de algunos paisajes de su tierra edificaron viviendas de calidad variable reconocidas como “islas”.
Hasta fines de los 60, el Delta fue también un vergel productivo de frutas, maderas y mimbres. Una conjunción de accidentes climáticos y promociones regionales discrecionales fue desde entones desvaneciéndolo y acentuando su perfil primordialmente turístico. Hoy por hoy, solo provee madera no siempre explotada de acuerdo a las mejores prácticas de preservación y reproducción pues abundan las bandas de piratas depredadores organizados al calor cómplice de regiones de las burocracias comunales.
El Delta contiene una humanidad local tan densa y heterogénea como sacrificada en su lucha cotidiana contra vientos, lluvias y mareas. Un estilo de vida cuyos rigores fueron bien ilustrados por la memorable película “Los Isleros” protagonizada por Tita Merello y Arturo Garcia Buhr en los 50. Los ciclos económicos diabólicos de nuestra historia reciente han motivado un proceso de irrefrenable emigración; sobre todo de jóvenes. No obstante, hasta hace poco turistas e isleños convivieron armoniosamente solidarizados por el descanso al aire libre de unos y las necesidades de subsistencia de los otros.
Pero la  decadencia cultural que afecta a amplios sectores de nuestra sociedad durante las últimas décadas ha impactado con particular intensidad esa convivencia. Desde aproximadamente los 90, y merced a la retardada extensión de servicios públicos como la red eléctrica y de telefonía en sus zonas más alejadas, irrumpió un segmento “snob” de nuevos ricos investidos de hábitos bien distintos a los de las generaciones anteriores.
Introdujeron en la isla la cultura del “reviente” consistente en las grandes fiestas los fines de semana con música a altos volúmenes debidamente regadas por un consumo generoso de alcohol y de drogas de diversa índole. Impúdica e impunemente, suelen exhibir sus proezas acuáticas, a veces rayanas en la obscenidad, por las redes sociales. Los conflictos con estos nuevos parvenus  han motivado también la emigración de miles de vecinos antiguos hartos de conflictos y litigios que han desnaturalizado al Tigre como zona de descanso, disfrute familiar y desalienación.
Como no podía ser de otra manera, esta torsión se reproduce ampliadamente en el transito fluvial. El descontrol se expresa bajo la forma de la ignorancia más  supina de los códigos de navegación como las velocidades moderadas en ríos de alta circulación comercial y arroyos de dimensiones estrechas.
Las señas corporales solicitando la disminución de la marcha ante el desembarco o el estacionamiento de lanchas de aprovisionamiento suele suscitar entre la indiferencia y la burla; sobre todo de los timoneles de yates y cruceros, aunque también de lanchas de menor porte. A ello se suman otras “pestes” colaterales de última generación como el uso irresponsable de motos de agua –a veces, por menores- o las prácticas de sky en ríos no habilitados.
Las colisiones entre embarcaciones o aun de estas contra los muelles han devenido en moneda corriente; convirtiendo al sano deporte de navegar en un ejercicio peligroso. Desgraciadamente, su difusión es solo esporádicamente recolectada por los grandes medios a raíz de tragedias como la que le costó la vida a una joven vecina durante el último fin de semana.
Mientras tanto, isleños, comerciantes y vecinos civilizados deben soportar estoicamente los desbordes de gente tan “alegre y divertida” como beligerante en la defensa de sus “derechos” ante la más mínima demanda de respeto por parte de aquellos que ven avasallados los suyos. Los accidentes acuáticos, entonces, son solo la consecuencia de un problema cultural más profundo solo corregibles mediante un compromiso más incisivo por parte de las autoridades públicas como la Prefectura, la Policía y  los municipios.
Solo así será posible devolverle a nuestro Delta esa paz que fue le fue emblemática para sucesivas generaciones de argentinos de bien y de todas las extracciones sociales.

jueves, 1 de febrero de 2018

La equidad vial es una cuestión de salud y de justicia social porque los más vulnerados son los pobres.

Detrás de cada choque, atropello, embestida, vuelco, además de la impericia personal, de la negligencia individual y de la violencia al volante, también hay una línea que marca la diferencia de clases sociales. Los jóvenes son quienes más mueren o matan en las rutas o calles de nuestras ciudades, y lo sabemos por las estadísticas, que son al respecto universales. 
Sin embargo cuando se analizan las cifras, pocas veces se subraya el origen social de las víctimas, y claro esto no se visibiliza porque el paradigma de la "accidentalidad vial" no lo mira, pero cuando pensamos la seguridad vial como un derecho humano, entonces sí comienza a tener interés e importancia la cuestión de la equidad vial como cuestión de salud pública y de igualdad social. 

Con mucho gusto les presentamos un resumen de este excelente y reciente artículo de fondo del diario Le Monde. Compartimos las ideas que plantea aún cuando la realidad que analiza sea mucho mejor y menos desigual que la nuestra. La traducción a cargo de Hilda García. 


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Le Monde. Enero  2018.
Matthieu Grossetête

“Si para salvar vidas hay que ser impopular, entonces seré impopular”. Con esta temeraria afirmación el primer ministro francés Édouard Philippe anunció diversas medidas para luchar contra la mortalidad en las rutas, que aumenta sin cesar en Francia desde 2014. La más controvertida es la disminución de la velocidad máxima a 80 km en las rutas departamentales, donde se dan la mayoría de las muertes. En realidad, los poderes públicos tienen la costumbre de incriminar las conductas individuales: corresponde a cada uno la tarea de refrenar sus impulsos al volante, no beber, usar el cinturón de seguridad, respetar la velocidad máxima, etc. Nadie piensa que un acto tan personal como conducir un vehículo puede conectarse con el tema de las desigualdades sociales, y que el aumento del número de muertos pueda originarse en la precarización de las clases populares.
Con las vacaciones el tema de la seguridad vial se actualiza: el gobierno multiplica entonces los consejos, tales como no conducir rápido, descansar, usar el cinturón, etc. Pero al hacer foco en el comportamiento individual de los conductores se olvidan las causas profundas de la mortalidad en las rutas.
Frente a este fenómeno la actitud de los poderes públicos es apelar a la conciencia de cada ciudadano para lograr la disminución del número de víctimas. Sin embargo un siniestro vial obedece en la inmensa mayoría de los casos a regularidades estadísticas y es consecuencia previsible (independientemente de su carácter singular) de determinaciones colectivas. Es un hecho social que trasciende las reacciones voluntarias de los individuos.
Desde hace décadas los expertos de los sucesivos gobiernos en Francia focalizan el fenómeno de la mortalidad en el hecho de que en su mayoría se trata de víctimas jóvenes, a las que se atribuye el gusto por el riesgo y las altas velocidades. Pero la edad no altera en lo más mínimo el hecho de las diferencias sociales. El 38% de los muertos tenían menos de 30 años, pero esa cifra se elevaba al 50% en las clases obreras.
¿Quiere decir esto que los ejecutivos son más prudentes al volante? Obviamente no.
Los representantes de las clases humildes mueren muchas veces en episodios en los que no hay un tercero implicado. En otras palabras, es evidente que ellos no son peligrosos, sino que están en peligro. Son más vulnerables. Los implicados en homicidios en rutas provenientes del grupo de ejecutivos, profesionales o intelectuales siempre comparecen en juicio en mayor número que los de clases menos favorecidas. Esto se debe a que sus vehículos cuentan con sistemas de protección muy desarrollados (airbags, sistemas de frenos, cabinas reforzadas) que les permiten un alto porcentaje de sobrevida en relación a los demás. Muchos jueces establecen una correlación entre la riqueza de los inculpados, la potencia de sus vehículos y el sentimiento de omnipotencia que experimentan en el espacio público en detrimento de los usuarios más vulnerables (autos pequeños, ciclistas, peatones, etc). A pesar de esto, los implicados de clases más favorecidas tienen el beneficio de una cierta clemencia: frente al mismo costo humano y con circunstancias agravantes equivalentes, las personas pertenecientes a una clase humilde reciben una pena media de 6 meses de prisión efectiva, según indica la ley, es decir el doble de lo que en promedio reciben los ejecutivos, profesionales, industriales e intelectuales.
La mayor duración del tiempo de pena para los implicados de clases humildes se debe también a que en su mayoría son solteros. En efecto, los jueces son sensibles al hecho de que el acusado tenga una familia a cargo.
Más allá de la desigualdad en el nivel de seguridad de los vehículos, la mortalidad vial aparece como una inesperada consecuencia de la evolución de la urbanización y de la estratificación. Las clases populares quedan cada vez más relegadas con respecto a los lugares de trabajo, lo cual multiplica sus tiempos de desplazamiento, y por ende los riesgos a los que se exponen por permanecer más tiempo en el espacio público. Los usuarios más beneficiados son aquellos que viajan menos a sus lugares de trabajo, en vehículos más seguros o utilizando infraestructuras más desarrolladas, pagando un peaje por ejemplo.
Por todo esto el “accidente” será el resultado de la exposición desigual a los riesgos, que hace de los desfavorecidos un grupo especialmente vulnerable. La falta de estímulos, la soledad, la precarización que sufren en varios niveles de su vida hacen que los jóvenes de las clases humildes reduzcan su horizonte temporal y acentúen el imperativo del goce inmediato, ya que el futuro no está asegurado para ellos. Estas conductas aumentan el riesgo de vida en las rutas.
Muchos funcionarios franceses detectan con este estado de cosas, pero la jerarquía administrativa no escucha sus alertas. Ellos ven con claridad que quien se encuentra en una posición socioeconómica de vulnerabilidad es más propenso a convertirse en víctima. Y se quejan de que los poderes públicos no reconocen este problema. La ignorancia abona el status quo. Nuestra visión es original pero “políticamente incorrecta”, dicen. Según sus superiores, operar con el presupuesto del las “clases sociales” es un abordaje pasado de moda.
La visión del problema de la accidentología vial como un asunto de particulares es mucho más cómoda, y no implica una crítica a los poderosos actores de este tema: las grandes automotrices, los productores de alcohol, las aseguradoras o el Estado.
Además, contrariamente a la confrontación de las causas profundas, la estigmatización de los conductores irresponsables puede convertirse fácilmente en objeto de cálculo y de gobierno, ya que es muy propicia a la inmediatez de la mediatización y de la evaluación pública, y se inserta en la visión liberal del individualismo, en el que cada uno se hace cargo de lo que hace.
Un conocimiento real de las desigualdades viales tendría un alcance estratégico y permitiría orientar mejor las políticas públicas y evitar numerosos siniestros viales.
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domingo, 12 de noviembre de 2017

Qué es la Conducción Temeraria









Cuando pienso en un conductor temerario pienso en el homicida de mi hijo Manuel Lischinsky. Hoy, 12 de noviembre, Manu hubiera cumplido 30 años. Murió a los 18, evitando con un gesto de los brazos que el auto descontrolado que se les venía encima atropellara también a su amigos. El joven que lo manejaba tenía 20 años y ya era un violento vial.
El conductor temerario no es un figura desconocida para mí. Salen pisando el acelerador y quemando gomas, y se jactan haciendo “finitos” o sea rozando a sus potenciales víctimas con total impunidad. Cuando clavan los frenos nunca es para dejar pasar a un peatón, violan sitemáticamente la luz roja y la velocidad máxima. Esos conductores no son estereotipos de ficción. Son personas reales que combinan en distinto grado las transgresiones arriba mencionadas con el consumo de alcohol y o de drogas. Son conocidas en su barrios y señaladas por los vecinos que ya saben quiénes son los agresivos al volante de la cuadra. Habitualmente se trata de varones, aunque también hay mujeres con esta conducta temeraria. En todas las circunstancias se jactan de sus malas acciones inclusive frente a un control de tránsito. La ley no es para ellos y se victimizan inmediatamente si los detienen.
Todas las madres que hemos escuchado en ACTIVVAS nos han brindado testimonios de dolor y desgarro por la ausencia de un mínimo gesto de arrepentimiento de parte de los victimarios que se desculpabilizan aduciendo “un accidente”. Eso mismo sucedió con el asesino de mi hijo y el único gesto de sus padres fue exigirle al juzgado la devolución del auto, que obviamente fue denegada. Detrás de cada conductor temerario, su familia o su entorno, está dispuesto a borrar las huellas que lo incrimina.
Prevenir, es evitar. Por eso es imperioso tener una figura penal que les impida continuar atropellando vidas. La justicia debe poder detenerlos antes de que hieran, mutilen o maten. No basta con los controles policiales si no hay sanciones directas y efectivas que los disuadan y los obliguen a vivir bajo el imperio de la ley.  
Por eso pedimos penas de cárcel para estos conductores que a lo mejor no son asesinos, pero conducen como tales.      



miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA.VIOLENCIA VIAL AL SERVICIO DEL TERRORISMO INTERNACIONAL

Amistad, alegría, amor y paz fueron atropellados en NY. 

Honramos a nuestras cinco víctimas del ataque terrorista.

TODAS LAS VIOLENCIAS SE ENCADENAN. 

LA VIOLENCIA VIAL AL SERVICIO DEL TERRORISMO.

viernes, 13 de octubre de 2017

LA IRA AL VOLANTE, ANTICIPO DE UN ASESINO EN POTENCIA



Agradecemos a Virginia Fineberg, nuestra socia activa, la elaboración de esta esclarecedora nota.

                

Arriba en la foto Ayalla Ruvio, de Temple University, autora del estudio.


Síndrome de la ira al volante: la racionalidad transformada en furia progresiva en el conductor

 


En un reciente viaje a Buenos Aires tuve una experiencia interesante: estaba cruzando la Avenida Santa Fe a la altura de Humboldt, en Palermo, por supuesto con luz verde para mí. En ese punto, cuando Santa Fe llega a Juan B. Justo, la avenida es muy ancha, por lo que incluso con mi luz debí apurar el paso. Súbitamente, un muchacho en una moto dobló a la izquierda desde Humboldt (como hacía el resto del tráfico) a gran velocidad. Cuando le hice señas de que tuviera cuidado con los numerosos peatones que estábamos cruzando, con un claro gesto de ira, me dijo al pasarme rozando: “Salí, boluda”. Pude verle la cara y oírlo claramente porque no tenía puesto el casco que, supongo, es obligatorio, como en todas partes.

Y me quedé reflexionando. ¿Por qué mecanismo extraño el peatón en Buenos Aires es un “boludo”? ¿Qué pasa en la Argentina, que el motorizado se siente en cierto sentido superior, molesto por la presencia del peatón y, sobre todo, tiene una actitud tan agresiva? La impresión constante del visitante a la ciudad es que el tránsito es un monstruo descontrolado e irascible, un peligro constante, probablemente el mayor que enfrentan tanto el habitante como el turista.

Sobre esa base, hice una pequeña investigación del denominado “Síndrome de la ira al volante”. Y eso me llevó a un trabajo de Ayalla Ruvio, profesora e investigadora en Temple University, en Filadelfia (Estados Unidos), quien publicó en 2011 un interesante estudio: “Aggressive Driving: A Comsumption Experience” (La conducción agresiva: una experiencia de consumo).

El artículo de Ruvio, publicado en línea en el Journal of Psychology & Marketing, adopta una perspectiva de comportamiento del consumidor en relación con este fenómeno e incluye dos estudios realizados en Israel. El primero de ellos tuvo un enfoque global y examinó la influencia de los factores mencionados en 134 personas de una edad promedio de 23,5 años. El segundo estudio, realizado sobre 298 personas, partió del primero y añadió los factores de la atracción por el riesgo, la impulsividad, la conducción como una actividad de placer y las percepciones personales sobre la presión del tiempo

Se trata del primer estudio abarcador sobre las formas en que la personalidad, la actitud y los valores de cada individuo contribuyen a un comportamiento agresivo al volante. La conducción es uno de los comportamientos de consumo más comunes y la actitud agresiva al volante es responsable anualmente en los Estados Unidos de una tercera parte de los hechos de tránsito en general y las dos terceras partes de los hechos con muerte de persona.

Según Ruvio, “el estudio explica gran parte de un fenómeno cuya existencia conocíamos. Por ejemplo, sabemos que los hombres tienden a ser más agresivos al volante y, más que las mujeres, consideran a su vehículo una extensión de sí mismos.”

Así, la percepción del automóvil como una extensión de la personalidad “lleva a un comportamiento agresivo al volante, en lugar de a una conducción más prudente”, expresa parte del informe, añadiendo que “las personas suelen ver al auto y al espacio vial que ocupan como ‘su’ territorio y tratarán de defenderlo como sea necesario”. Los autores del estudio asocian la ira al volante con el deseo de una sociedad consumista, donde se quiere poseer todo lo que se ambiciona, incluso en un contexto de circulación urbana.

La investigación determinó asimismo que las personas con tendencias compulsivas son más propensas a manejar de manera agresiva, sin considerar las consecuencias. Dentro de esa categoría sobresalen los conductores jóvenes. Al estar en una etapa de formación de su identidad y de inseguridad personal tienden a ser más temerarios, confían demasiado en sus capacidades y subestiman los riesgos que implica conducir de manera imprudente, confundiéndolo con habilidad. 

También, las personas competitivas y propensas a considerarse de un estatus “superior” tienden a manifestar un nivel de enojo elevado al volante. Para ellas, el escenario vial se convierte en una manera de medirse con contendientes aleatorios.

Otro rasgo de personalidad asociado a la ira del conductor está relacionado con las personas narcisistas quienes, por sentirse superiores a los demás, piensan que la ley debe ser más flexible con ellas. Además, no toleran los errores de otros ni son capaces de reconocer sus propias maniobras irresponsables. Pueden llegar incluso a convertirse en seres casi irracionales.

El estudio llegó a las siguientes conclusiones:



·        Las personas que perciben a su vehículo como un reflejo de la propia identidad tienen mayores probabilidades de comportarse agresivamente al volante y de infringir la ley.

·        Las personas con tendencias compulsivas tienen mayores probabilidades de conducir con agresividad, sin tener en cuenta las posibles consecuencias de sus actos.

·        El aumento del materialismo, o de la importancia de las posesiones personales, está vinculado a una tendencia a conducir más agresivamente.

·        Los jóvenes que están en los estadios tempranos de formación de la propia identidad pueden sentir la necesidad de exhibirse con su auto y demostrar que conducen mejor que sus pares. Tienden también a confiar excesivamente en sus capacidades y a subestimar los riesgos de conducir con imprudencia.

·        Las personas que admiten ser agresivas al volante también confiesan que infringen la ley con mayor frecuencia.

·        La sensación de estar “apurado” contribuye a la agresión al volante.



Para el equipo investigador, las repercusiones de este estudio son perceptibles en numerosos contextos culturales, debido al fuerte vínculo entre el automóvil y la identidad de su conductor.

Propongo entonces estas reflexiones como un elemento más en la educación del conductor, tan necesaria en el contexto vial argentino.



 Virginia Fineberg